Los bioestimulantes han dejado de evaluarse únicamente por su efecto sobre el desarrollo vegetativo. Hoy, el verdadero indicador de su eficacia está en el rendimiento final del cultivo y en el valor comercial de la cosecha. En este contexto, los resultados obtenidos con la aplicación de SPIRUNOL durante la campaña 2024 muestran que una mejora de la fisiología vegetal puede traducirse en incrementos significativos de producción en condiciones reales de cultivo.
Ocho ensayos independientes realizados bajo la norma GEP (Good Experimental Practices) analizaron el comportamiento de Spirunol, un bioestimulante formulado con un 9 % de aminoácidos libres en diferentes especies agrícolas. En todos los casos, los cultivos tratados superaron al control sin tratar, tanto en producción como en distintos parámetros de calidad.
Los mayores incrementos de rendimiento se registraron en fresa, donde la producción aumentó hasta un 76 %. También destacaron las mejoras obtenidas en melón (+57 %), pera (+45 %), lechuga (+40 %), cítricos (+15 %), albaricoque (+13 %), trigo (+13 %) y maíz (+9 %).

Pero el aumento de cosecha no fue el único efecto observado. Los ensayos también reflejaron mejoras en características directamente relacionadas con la comercialización del producto, como el contenido en sólidos solubles (°Brix), el calibre de los frutos, el peso de mil granos o la disminución del rajado en melón. Estos parámetros refuerzan la idea de que una mayor eficiencia fisiológica no solo incrementa la cantidad producida, sino también su calidad.
Los frutales muestran una respuesta especialmente destacada
Entre todos los cultivos evaluados, los frutales ofrecieron algunos de los resultados más representativos del efecto de SPIRUNOL sobre el potencial productivo.
En pera, el tratamiento incrementó la producción hasta un 45 %, acompañado de un 39 % más de frutos por rama. Además, los frutos presentaron mejoras del 10 al 13 % en el contenido de sólidos solubles y aumentos del 7 al 9 % en calibre y altura.
En cítricos, la respuesta comenzó incluso antes de la formación del fruto. El cuajado aumentó hasta un 74 %, lo que posteriormente se tradujo en un 18 % más de frutos cosechados y un incremento del 15 % en la producción respecto al control.
En albaricoque también se registró el mayor rendimiento del ensayo, con una mejora del 13 %, además de una mayor floración y un aumento de entre el 5 y el 6 % en el contenido de azúcares.
La fisiología como punto de partida de la rentabilidad
Detrás de estos incrementos se encuentra la capacidad de la planta para mantener un funcionamiento fisiológico eficiente durante las fases de mayor demanda metabólica. En muchos cultivos, el verano coincide con un periodo en el que deben sostener simultáneamente el crecimiento vegetativo, el desarrollo del sistema radicular y el llenado o engorde de los frutos, mientras soportan temperaturas elevadas y, con frecuencia, situaciones de estrés hídrico.
SPIRUNOL está formulado con un 9 % de aminoácidos libres que favorecen la actividad metabólica y el desarrollo radicular, ayudando a que la planta gestione de forma más eficiente sus recursos en estos momentos críticos. A ello se suma la posibilidad de aplicarlo tanto por vía foliar como mediante fertirrigación, una doble modalidad que facilita adaptar la estrategia de uso a las necesidades de cada cultivo y a su estado fenológico.
Los resultados de la campaña 2024 ponen de manifiesto que la productividad no depende únicamente de las condiciones existentes en el momento de la recolección. Gran parte del rendimiento se construye durante las fases previas del ciclo del cultivo, cuando la planta debe responder a una elevada demanda energética sin comprometer su equilibrio fisiológico.
Los ensayos GEP realizados con SPIRUNOL muestran que optimizar estos procesos permite trasladar esa mejora fisiológica a parámetros que el agricultor sí percibe directamente: más producción, frutos de mayor calidad y una cosecha con un mayor valor comercial.